Tus gafas de ver

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educación emocional, empoderamiento de los padres, crianza con apego, crianza respetuosa, crianza de los hijos, educación de los hijos, prácticas de crianzaSer padre, ser madre, no es fácil. Nunca lo ha sido, aunque por motivos muy diferentes.

Hoy en día, en la era de la globalización, parte de esta dificultad tiene que ver con que tenemos acceso a muchísima información y a veces es contradictoria e incluso controvertida, y ello nos abruma y bloquea.

Educamos y criamos a nuestros hijos con miedo a equivocarnos, con culpa incluso. ¿Colecho o no colecho? ¿Qué pasa si lo cojo en brazos? ¿Y si no lo cojo? ¿Papillas o baby led weaning? ¿A qué edad el móvil? ¿Y la Xbox?…

Forma parte del ser humano el dudar y el sentir miedo y ansiedad, pero si como padres dejamos que éstos nos impregnen y nos gobiernen, se hace difícil establecer y aún más hacer respetar unos límites claros.

Los límites son a los niños lo que los andamios a un edificio, les confieren seguridad para desarrollarse. Autorizarnos como padres y madres significa darnos permiso para equivocarnos pero sin perder nuestro rol y nuestro lugar.

Si padres y madres no tenemos las cosas claras, nuestros hijos acaban dirigiendo nuestro hogar. Nos movemos a merced de sus exigencias y esto fomenta su inseguridad e incluso puede ser fuente de problemas emocionales serios.

Los niños necesitan padres. No expertos en educación infantil, crianza, puericultura. Padres. Padres con derecho a equivocarse, pero que tengan claro que ellos son los padres.

Padres humanos, vulnerables. Capaces de pedir perdón cuando se equivocan pero sin ceder ni un ápice en su terreno de padres.

Padres que escuchen e incluyan, pero que tomen decisiones, erradas o no. Por cierto, ¿quién puede decir que un padre o madre se equivoca? Sinceramente, creo que es muy, muy difícil.

Hay casos en los que, en mi opinión como persona y pediatra, las cosas sí son claras y es en todo lo relacionado con los derechos de la infancia. http://www.un.org/es/events/childrenday/pdf/derechos.pdf. Está mal vulnerar los derechos de los niños. Límite claro. Línea roja.

En el resto de ocasiones, por suerte la mayoría, las cosas no son tan claras.

En los grupos que acompaño nos gusta hablar de qué nos funciona y qué no nos funciona, más que decir esto está bien o no. Lo que para una familia está bien para otra puede no estarlo.

Ante todo este universo de dudas e información, ¿cómo podemos autorizarnos y empoderarnos como padres? En mi experiencia como pediatra, hay dos herramientas que pueden sernos muy útiles:

  • Por un lado, el sentido común. Es algo que pienso tenemos todos, pero no siempre tenemos acceso a él. Por ejemplo, cuando estamos ansiosos, agobiados, culposos, enfadados. Es importante buscar momentos de calma, de diálogo, en los que el sentido común aflorará de forma espontánea para alumbrar como un faro nuestras decisiones.
  • Por otro lado, lo que yo llamo las gafas de ver: Antes que padres o madres somos personas. Nuestro bagaje en la vida, nuestra herencia, genética, experiencias, nos dotan de unas gafas particulares para verla, sentirla, interpretarla. Cada uno tenemos, así, nuestra forma de entender la salud y la enfermedad, la paternidad o maternidad, la educación. Cuando entramos en pareja, la cosa se complica, porque las gafas de uno pueden ser cuadradas, metálicas, y las del otro redondas, de pasta… y así entramos a ser padres y madres.

Si somos padres y madres en pareja, a lo mejor podemos comprar un nuevo par de gafas que se adapte a los dos, pensado por los dos. Si no estamos en pareja, es posible y recomendable que tengamos que construir estas nuevas gafas con el resto de familia que nos ayudará en la crianza de nuestros hijos.

 

De una forma u otra, lo que siento que es importante es que seamos conscientes de cómo son nuestras gafas, nuestros valores, y que vivamos, criemos y eduquemos a nuestros hijos en coherencia con ellos. Cuando hablo de coherencia, me refiero a una coherencia dinámica, a que nuestras gafas a lo largo de nuestra vida requieren ajustes: de dioptrías, de montura…etc. A medida que vamos viviendo nuestros valores también cambian y no es fallarnos el ajustarnos a estos nuevos valores. Por ejemplo, cuando uno es padre o madre el trabajo ya no reviste el mismo valor que antes, nuestras prioridades cambian, y necesitaremos ajustar nuestras decisiones a ello.

En función de nuestras gafas de ver escogeremos también un pediatra, una escuela, con los que toda la familia se sienta cómoda.

En resumen, no es tan importante qué decidimos en concreto, como el que no sea descabellado dentro de nuestra realidad y vaya en la línea de lo que pensamos y valoramos. Sólo así, probablemente, podamos mostrar un frente sólido capaz de contener y dar seguridad a nuestros hijos.

 

De la misma manera que pensamos dónde y cómo querríamos dar a luz, o simplemente qué cochecito vamos a comprarle, podríamos ir diseñando nuestro proyecto educativo y de crianza, irnos conformando ya como el padre o madre que nos gustaría ser.

 

Durante el embarazo, o incluso en el mismo momento en que iniciamos nuestro proyecto de ser padres (quizá no sería muy difícil encontrar un ratito) sentarnos con nuestra pareja si la tenemos y darnos un espacio para pensar algunas cuestiones:

  • ¿Qué es lo más importante para nosotros en la vida?
  • ¿Cuáles son nuestros objetivos, nuestros valores?
  • ¿Qué pensamos que es lo más importante para el futuro de nuestros hijos?
  • ¿Estamos satisfechos con la educación y forma de crianza que hemos tenido?

Conozcámonos, valorémonos y autoricémonos como padres.

Por una maternidad y paternidad sana, una crianza tranquila de nuestros hijos una buena educación emocional nos beneficia a todos.

 

 

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