Alergias en niños y bebés: APLV, Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca

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Alergias en niños y bebés: APLV, Alergia a la Proteína de la Leche de Vaca

Aunque relativamente infrecuente entre la población adulta, la APLV, o alergia a la proteína de la leche de vaca, es una de las alergias más comunes en la infancia. Se calcula que aproximadamente un 2% de los menores de 4 años presenta esta enfermedad, aunque la mayoría de ellos tiende a superarla con la edad. Los síntomas de la APLV son diversos y pueden llegar a ser graves, por lo que una detección precoz es esencial para evitar situaciones de riesgo.

 

¿Por qué se produce la APLV?

Como ocurre con todos los tipos de alergia, la APLV se produce cuando el sistema inmunitario del niño interpreta equivocadamente que determinadas sustancias, en este caso ciertas proteínas presentes en la leche de vaca, son peligrosas. Esto desencadena una reacción defensiva exagerada que puede, en los casos más graves, llegar a poner en riesgo la vida del paciente.

Las razones por las que el sistema inmunitario cataloga de “enemigas” sustancias que en realidad no lo son, continúa siendo un misterio. Se considera que los antecedentes familiares incrementan el riesgo de padecer alergias, aunque también pueden desarrollarse en personas en las que no existen precedentes. Los bebés y niños pequeños, por tener un sistema inmunitario muy inmaduro, suelen ser especialmente sensibles a las alergias de tipo alimentario, aunque con el paso del tiempo la mayoría desarrolla tolerancias y supera la enfermedad.

Generalmente, la APLV aparece durante el primer año de vida, al iniciarse la alimentación con leche artificial. Estas fórmulas artificiales, aunque están modificadas para asemejarse lo máximo posible a la leche materna, proceden de la leche de vaca; por lo que contienen ciertas proteínas que pueden resultar extrañas al sistema inmunológico inmaduro de un lactante. Se considera menos probable que la APLV se produzca durante el segundo año de vida, después de que el lactante haya sido alimentado con leche materna.

 

Síntomas de la alergia a la proteína de leche de vaca

Los síntomas de la APLV son los típicos de una reacción alérgica. Hay casos en los que la reacción se produce rápidamente, generalmente entre minutos y dos horas después de haberse producido la toma; y otros en los que pueden pasar días hasta que se detectan los síntomas. La rapidez de respuesta del organismo depende de cuánto tarde el sistema inmunológico en catalogar como “enemigas” esas sustancias extrañas y en crear los anticuerpos que las detecten y pongan en marcha la reacción defensiva.

Los síntomas de la APLV son diversos, afectan a varios órganos y su gravedad depende de lo sensible que sea el niño al alérgeno, en este caso las proteínas de la leche de vaca. A veces una sola gota de leche puede provocar una reacción grave; mientras que otras veces se necesitan cantidades mayores. En los casos de sensibilidad extrema no es necesario que la proteína haya sido ingerida, sino que el simple contacto físico puede desencadenar la reacción alérgica.

  • Síntomas cutáneos: son los más habituales y suelen presentarse como cuadros de enrojecimiento y urticaria (habones rojizos y abultados que ocasionan mucho picor), que generalmente comienzan alrededor de la boca y luego se extienden a otras zonas del cuerpo.
  • Síntomas digestivos: cólicos, diarreas y vómitos.
  • Síntomas respiratorios: sibilancias al respirar, ronquera, tos, inflamación de la conjuntiva de los ojos y moqueo.
  • Anafilaxia: reacción alérgica grave y generalizada, que suele presentarse poco tiempo después de haber estado expuestos al alérgeno (normalmente menos de una hora). Suele comenzar con urticaria y picor en la piel, acompañándose de hinchazón, dolor abdominal fuerte, vómitos, dificultad para respirar y caída de la tensión arterial. En estos casos se requiere atención médica de urgencia.

 

Tratamiento de la APLV

Una vez que se ha diagnosticado la APLV, el tratamiento es sencillo: consiste en evitar a toda costa el contacto con las proteínas de la leche de vaca.

En lactantes alimentados con lactancia materna, lo más recomendable es continuar con la leche materna el máximo tiempo posible. La mamá deberá eliminar de su dieta todos los productos que puedan contener proteínas lácteas, pues éstas pueden ser transmitidas a través de la leche materna. En los casos en los que el bebé se alimente con leche artificial, existen fórmulas hidrolizadas en las que las proteínas de la leche han sido destruidas.

Además, como la reacción alérgica puede desencadenarse por mero contacto con el alérgeno, deberá evitarse que los niños toquen productos que contengan proteínas lácteas o que hayan podido estar en contacto con ellas. Los platos, cubiertos y utensilios de cocina deberán lavarse cuidadosamente antes de ser utilizados por un niño con APLV, si antes han tocado algún producto susceptible de contener estas proteínas.

 

¿APLV o intolerancia a la lactosa?

La alergia a la proteína de leche de vaca y la intolerancia a la lactosa comparten algunos síntomas, por lo que a veces puede ser confuso distinguirlas. Sin embargo, ambas afecciones son muy diferentes. Como hemos visto, la APLV es un tipo de alergia alimentaria que se produce cuando el sistema inmunitario reacciona exageradamente ante ciertas proteínas presentes en la leche de vaca. Cada vez que el organismo detecta esas sustancias “enemigas” se desencadena una reacción alérgica que puede llegar a ser muy grave, por lo que se debe evitar completamente el contacto con las proteínas de la leche.

La intolerancia a la lactosa es, como su nombre indica, una intolerancia alimentaria; lo que significa que el cuerpo no es capaz de digerir un determinado nutriente. En este caso, el organismo tiene dificultad para procesar la lactosa, un tipo de azúcar presente en la leche. El sistema inmunitario no se ve afectado en ningún momento y, por tanto, no existe riesgo de padecer una reacción alérgica. Los síntomas son digestivos: hinchazón y dolor abdominal, gases, diarrea, náuseas; y el consumo de lácteos provoca malestar, pero no pone en riesgo la vida del paciente.

 

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