El Sol, una necesidad que requiere sus precauciones

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El Sol, una necesidad que requiere sus precauciones

Todos necesitamos exponernos al sol: es nuestra principal fuente de vitamina D y la vitamina D nos ayuda a absorber el calcio para nuestros huesos. Pero para ello no necesitamos exponernos mucho tiempo. De hecho, los rayos ultravioletas del sol pueden provocarnos  lesiones en la piel, en los ojos, alterar nuestros sistema inmunológico e incluso provocarnos un cáncer de piel.

El tiempo de exposición solar recomendado a lo largo de la vida tiene un límite que gran número de personas agota antes de llegar a los 18 años, por eso es tan importante la educación en la prevención y conseguir que los niños disfruten del sol de forma segura.

 

Datos sobre la exposición al sol

La luz solar contiene tres tipos diferentes de rayos ultravioletas: los rayos UVA, los UVB y los UVC.

  1. Los rayos UVA pueden provocar envejecimiento de la piel y formación de arrugas,  contribuir al cáncer de piel, como el melanoma. Puesto que los rayos UVA atraviesan sin problemas la capa de ozono (la capa protectora de la atmósfera o escudo protector que rodea la Tierra), representan la mayor parte de nuestra exposición al sol.
  2. Los rayos UVB también son peligrosos, provocando quemaduras, cataratas (opacidad del cristalino) y deterioro del sistema inmunitario. También contribuyen al cáncer de piel. El melanoma, el tipo más peligroso de cáncer de piel, se cree que está relacionado con graves quemaduras solares provocadas por radiaciones UVB que se producen antes de cumplir 20 años. La capa de ozono absorbe la mayoría de los rayos UVB pero no todos.
  3. Los rayos UVC son los más peligrosos de todos pero, por suerte, estos rayos son bloqueados por la capa de ozono y no llegan a la Tierra.

Por tanto es importante protegerse de los rayos ultravioletas A y B.

 

La melanina: primera línea de defensa de nuestro cuerpo

La melanina es nuestra primera línea de defensa contra el sol porque absorbe los peligrosos rayos UV antes de que provoquen lesiones graves en la piel.

Diferentes tipos de piel tienen distintas cantidades de melanina, a más clara la piel menos melanina y viceversa, pero todos los niños necesitan un nivel u otro de protección para evitar las quemaduras.

Conforme aumenta la melanina como respuesta a la exposición solar, la piel se broncea. Pero hasta ese bronceado de aspecto tan “saludable” es un indicador de una lesión cutánea. Las quemaduras solares se desarrollan cuando la cantidad de exposición a los rayos UV supera aquella cantidad contra la que nos puede proteger la melanina que contiene nuestra piel.

Exponerse al sol sin protección solar es más peligroso para los niños con:

  • Lunares en la piel (o cuyos padres son proclives a desarrollar lunares).
  • Piel y pelo muy claros.
  • Antecedentes familiares de cáncer de piel, incluyendo el melanoma.

La intensidad de los rayos solares depende de la estación del año, de la altitud y la latitud del lugar. Los rayos UV son más potentes en verano.

Adoptando las precauciones adecuadas, los niños pueden jugar al sol con seguridad.

 

Hay que evitar las horas del día en que los rayos son más fuertes. Conviene ir con la piel cubierta el mayor tiempo posible.

Puesto que los lactantes tienen la piel más fina y menos cantidad de melanina, su piel se quema más fácilmente que la de los niños mayores. Pero nunca se debe aplicar crema de protección solar a un bebé de menos de 6 meses, de modo que los bebés de estas edades deben mantenerse alejados del sol siempre que sea posible. Si un bebé de pocos meses debe estar al sol, hay que vestirlo con ropas que le cubran el cuerpo completamente, incluyendo gorras con viseras para ensombrecerle la cara y utilizar una sombrilla para que pueda estar a la sombra.

 

Uso de crema protectora regularmente

Lo que importa más en una crema o loción de protección solar es su grado de protección con respecto a los rayos UV, hay que valorar su FPS (Factor de Protección Solar), también conocido como IPS (Índice de Protección Solar).

Para bebés de 6 meses en adelante y niños mayores, conviene elegir un FPS de 30 o superior para prevenir tanto las quemaduras solares como el bronceado. Elija un producto en cuya etiqueta ponga que protege contra los rayos UVA y UVB (estos productos se denominan protectores solares de “amplio espectro”). Por lo general, los protectores solares proporcionan mejor protección contra los rayos UVB que contra los rayos UVA, de modo que pueden aparecer signos de envejecimiento en la piel incluso con el uso regular de protectores solares. Para evitar posibles reacciones alérgicas en la piel, evite aquellos productos que contengan PABA; si su hijo tiene la piel sensible, busque un producto que contenga como ingrediente activo el dióxido de titanio.

Para que un protector solar desempeñe adecuadamente su función, debe aplicarse correctamente, es decir:

  • Utilizar el protector solar de forma habitual antes de la exposición al sol.
  • Aplicar el producto entre 15 y 30 minutos antes de que el niño salga al exterior y de forma abundante.
  • Repetir la aplicación, aproximadamente cada 2 horas.
  • Utilizar un protector solar resistente al agua si su hijo va a mojarse o a nadar.

 

 El cuidado de los ojos

La mejor forma de proteger los ojos de los efectos nocivos del sol es llevando gafas de sol. Hay que asegurarse de que las gafas que se utilizan proporcionan protección contra los rayos UV del 100%. Actualmente existen gafas infantiles de muchos diseños bonitos y divertidos y a los niños, que les gusta copiar a los mayores, es fácil acostumbrarlos si siguen el ejemplo de sus padres.

 

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