Bebés y niños mal comedores: ¿cómo actuar con un niño mal comedor? Consejos y recomendaciones. Parte II

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Bebés y niños mal comedores: ¿cómo actuar con un niño mal comedor? Consejos y recomendaciones

Hay muchos tipos de niños mal comedores. Hay bebés a los que les cuesta comenzar con la alimentación complementaria, niños que comen de todo pero en pocas cantidades, otros que son selectivos y sólo quieren ciertos alimentos,…etc.  Aunque cada caso es diferente, hay ciertas recomendaciones generales que pueden ayudarnos a mejorar la alimentación de nuestros hijos:

  • No obligar al niño a comer. Es bastante habitual que al niño que no come se le regañe, se le fuerce a comer o se le obligue a pasar horas sentado a la mesa hasta que se acabe lo que tiene en el plato (cantidades, por cierto, asumidas por el adulto como las “correctas”). Crear este drama durante las comidas es totalmente perjudicial, les provoca estrés, ansiedad y malestar.

 

  • Evitad la comida basura, las chucherías y los alimentos preparados. La sensación de hambre la regula, principalmente, el nivel de azúcar en sangre. Cuando los niveles bajan sentimos hambre, cuando están altos no la sentimos. Los niños que consumen este tipo de alimentos están llenándose de sustancias poco nutritivas pero muy saciantes y hasta cierto punto adictivas. Muchos niños mal comedores comen poco durante la comida porque no les apetecen esos alimentos y prefieren esperarse al postre, o porque han comido a media mañana un donuts y un zumo que les ha dejado los niveles de azúcar por las nubes. Para garantizar la correcta nutrición de un niño mal comedor, hay que asegurarse de que lo que come es sano y variado.

 

  • Evitad que pique entre horas. Los niños que pican mucho entre horas, un poquito de aquí y un poquito de allá, llegan a las comidas principales con menos hambre, especialmente si los snacks son hipercalóricos y azucarados. Por este motivo, en casos de niños que comen poco o mal, es mejor limitar las comidas a las tres principales y evitar los picoteos. Así, llegarán a la hora de la comida con más hambre y podremos regular mejor sus horarios.

 

  • Comidas de 30 o 40 minutos. Debemos limitar la duración de las comidas, sin meter prisa al niño para que coma rápido, ni dejarle frente al plato frío durante horas hasta que se lo acabe todo. Si la duración de una comida normal son 30 o 40 minutos, esto es lo que durará. No hay que reñirle ni apurarle ni castigarle, de hecho es mejor no hablar del tema ni exteriorizar nuestra frustración. Es lo que hay, simplemente. Se acabó la hora de comer y no se come más hasta la siguiente.

 

  • No usar televisión ni medios digitales o de entretenimiento durante las comidas. Ver la televisión mientras se come no es recomendable en ningún caso. Provoca distracciones y eso hace que algunos niños coman más de lo necesario (los que comen “bien”) y que otros eternicen sus comidas (los que comen “mal”). Las comidas tienen que ser momentos en los que se presta atención a lo que se está haciendo, si le ponéis la tele, la Tablet, o le dejáis jugar, se distraerá y acabará comiendo menos.

 

  • No menús especiales. Los niños tienen predilecciones, igual que nosotros, y que habrá cosas que les gusten más que otras. Aunque a veces la negativa a comer determinados alimentos se debe a que le sientan mal (por eso hay que descartar intolerancias), a menudo es simplemente una decisión propia. Caer en la tendencia de prepararles menús especiales para que “al menos coman algo” es un error. Los niños necesitan una alimentación variada y, aunque no hay que forzarles a comer algo que no les gusta, tampoco debemos darles siempre macarrones con tomate. Dejarles participar en la elaboración de la comida y prepararles recetas más visuales y sabrosas suele ayudar a que los niños se coman aquellos alimentos que normalmente rechazan.

 

  • La comida, como la de los demás. Además de que el menú que se le ofrece es el mismo, también es recomendable que no caigáis en la tentación de triturarlo todo porque así se lo come mejor. Cuando son muy pequeñitos y hay riesgo de que se atraganten, pueden triturarse los alimentos o trocearse mucho para evitar problemas. Pero a medida que el niño crece, necesita aprender a masticar y a comer por sí mismo. No se le debe dejar solo mientras come ni darle cosas que puedan ser peligrosas, pero sí hemos enseñarle, poco a poco, a desarrollar sus herramientas.

 

  • Evitad las recompensas y los premios. Igual que no les castigamos por no comer, tampoco podemos recompensarles por hacerlo. Este tipo de métodos son confusos y no favorecen a largo plazo. El niño tiene que aprender a comer por él y para él, porque es bueno y necesario para estar sanos y fuertes.

 

  • Comidas en familia. A los niños les encanta ser el centro de atención. Por eso, cuando comer mal significa que sus papás le dan de comer a parte, le entretienen y se pasan horas con él (aunque sea luchando), muchos tenderán a repetir este comportamiento. Para evitar esta tendencia, se recomienda que los niños coman con el resto de la familia. Deben aprender desde el principio que las comidas no son momentos de juego, y que acabar de comer no significa perder la atención de sus padres.

 

  • Aprender por imitación. Los niños copian todo lo que ven, es su mejor herramienta de aprendizaje. Por este motivo, muchos niños mal comedores comen mejor cuando están en el colegio, rodeados de compañeros. Si su amiguito se come el pescado, él también lo hará. Lo mismo se aplica en casa. Si nosotros no comemos verduras, no podemos esperar que el niño lo haga. Para enseñarle a llevar una dieta equilibrada y sana, primero tenemos que seguirla nosotros.

 

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