Hiperconsumo infantil ¿Qué regalar a los niños estas Navidades?

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La importancia del juego en la infancia y juguetes que potencian la creatividad

Ahora que el ambiente navideño vuelve a adueñarse de nuestras ciudades, resurge como cada año la gran duda: ¿Qué le regalamos a los niños? Aunque seamos muchos los padres que tratamos de moderar el consumo navideño, lo cierto es que las campañas publicitarias pueden ponérnoslo muy difícil. Los anuncios de televisión, las jugueterías y los escaparates tienen una gran influencia sobre los niños, los cuales pueden llegar fácilmente a creer que “tener” es sinónimo de éxito y felicidad. La compra compulsiva de regalos hace que el espacio para la fantasía y la creatividad se vea reducido: el juguete se convierte en protagonista y el juego queda relegado a un segundo plano. Sin embargo, el juego en sí mismo es vital en la infancia y, si somos capaces de extrapolarlo, también en la edad adulta. Sin él, nuestros niños pierden la oportunidad de desarrollar habilidades y capacidades fundamentales y caerán en el engaño de buscar la felicidad en objetos innecesarios.

 

La importancia del juego en la infancia

¿Quién no soñó con tener una bicicleta cuando era niño? Seguro que todos recordamos con alegría el día en que recibimos tan ansiado regalo pero, probablemente, lo que más añoremos sean los momentos que vivimos jugando con él: excursiones familiares, paseos con amigos, caídas, risas, rodillas raspadas… Es el juego en sí mismo, no tanto el objeto, lo que nos hace crear recuerdos. El juego es la mayor herramienta de aprendizaje con la que puede contar un niño; no sólo le proporciona diversión y bienestar, sino que le ayuda a desarrollar capacidades y habilidades necesarias para convertirse en un adulto seguro e independiente. En general, son 4 áreas las que se estimulan a través del juego:

Área física: Permite ejercitarse y desarrollar habilidades físicas, adquirir flexibilidad y coordinación psicomotriz, asumir retos y conocer los propios límites.

Área educativa: Se asimilan más fácilmente conceptos nuevos o complejos, se adquiere destreza a la hora de plantear problemas y buscar soluciones y se estimula la creatividad y la fantasía. Aumenta la curiosidad, la concentración y la percepción del entorno y enseña a establecer reglas y a alcanzar acuerdos que satisfagan a todos los jugadores.

Área social: Favorece el contacto con otros miembros de la familia o de la comunidad, potenciando el desarrollo de las capacidades lingüísticas y de comunicación. Se adquieren hábitos sociales y conocimientos culturales, al tiempo que se aprende a cooperar y a respetar a los demás.

Área emocional: Supone una vía de escape a través de la cual los niños pueden, simbólicamente, plasmar sus sentimientos y frustraciones. Aporta desahogo físico y mental y contribuye a la relajación y al bienestar. Además, el componente social del juego refuerza el sentimiento de pertenencia a un grupo y la autoestima.

 

Tipos de juego por edad

El juego no es algo estático, sino que evoluciona con el tiempo. Los bebés y niños modifican su forma de jugar a medida que van creciendo, perfeccionándola y sofisticándola. Así, aunque cada niño se desarrolla de forma diferente, podemos decir que a cada edad le corresponde un tipo de juego. En general, distinguimos los siguientes:

  • De 0 a 6 meses: Juego funcional. Predomina la actividad física (cara, manos, piernas), con movimientos espontáneos y descoordinados que les ayudarán a desarrollar las funciones básicas.
  • De 6 a 12 meses: Juego de exploración. Se introducen objetos en el juego y se explora el entorno cercano. El juego se caracteriza por la repetición de acciones y por el uso de juguetes que estimulan sensorialmente, como sonajeros o centros de actividad.
  • De 1 a 2 años: Juego de autoafirmación. El niño descubre su propio ser y se vuelve el protagonista de sus juegos. Su desarrollo motor le permitirá ser más autónomo y adquirir confianza, mientras que el lenguaje incipiente dará lugar a juegos vocales de imitación.
  • De 2 a 4 años: Juego simbólico. Son característicos los juegos de construcción y destrucción, que se irán perfeccionando con el paso de los años. Se comienza con juguetes tipo “ladrillos” o “bloques”, con los que crean estructuras y construcciones que luego destruyen por mero placer. Surge el “juego dramático o de representación”, a través del cual el niño imita situaciones cotidianas como cocinar o conducir, y revive experiencias placenteras y habituales.
  • De 4 a 6 años: Juego pre-social. Aunque no se abandonan los juegos en solitario, en esta etapa se requieren compañeros de juego. Comienzan a surgir las primeras actividades regladas y se representan roles que han sido previamente definidos por ellos.
  • De 6 a 8 años: Juego reglado y social. El juego colectivo toma importancia y comienzan a forjarse alianzas para competir con otros grupos. Se establecen reglas y acuerdos, se adquieren responsabilidades y se reafirma su identidad.
  • De 8 a 10 años: Juego competitivo. Se produce un alejamiento del mundo adulto y se forjan pandillas, surgiendo sentimientos de pertenencia a un grupo. Los juegos asociados a esta época son muy variados y el lenguaje está muy presente (debates, discusiones, planes…). Comienza la diferenciación sexual en los juegos: más complejos y reglados en las niñas, más combativos y físicos en los niños.
  • De 10 a 12 años. Juego de ejercitación. Los juegos son en su mayoría deportivos, más semejantes al deporte adulto, con normas más estrictas y predominando la ejercitación. Se consolida el sentimiento de equipo y la diferenciación sexual. A medida que se entra en la pubertad, el “yo” se reafirma a través de actividades que potencian su imagen personal.

  

Los juguetes de hoy: destructores de la creatividad

Cada año, las jugueterías se inundan de personajes televisivos, juguetes con instrucciones y juegos en los que el niño es un mero espectador. No es de extrañar, ante esta situación, que la esencia del juego se esté perdiendo y que los niños, tras unos días de euforia, acaben cayendo en la apatía y el aburrimiento. Muchos juguetes de hoy en día tienden a aislarlos y a convertirlos en víctimas de las marcas y de las “necesidades innecesarias”. Las campañas de marketing de las grandes empresas gastan cada año millones de euros en introducir en la mente de nuestros pequeños la idea de que hay que poseer juguetes de un determinado personaje o marca para poder ser felices. Mochilas, estuches, libretas, paraguas, ropa… cualquier producto necesario se hace aún más indispensable si pertenece a una marca concreta, o si lleva algún complemento especial que haya sido anunciado en televisión.

Pero, ¿son más divertidos o educativos? En general no. Son lo mismo, con la diferencia de que el juguete con “nombre propio” limita la creatividad del niño y le hace perder su protagonismo en el juego. Ya no es él quien dicta las reglas, quien experimenta y busca recursos para crear su mundo fantástico; es el juguete el que se encarga de hacerlo por él. No es de extrañar, pues, que los niños necesiten cada vez más estímulos externos para divertirse, que recurran a la televisión o a los videojuegos y que se aíslen en lugar de buscar compañeros de juego. Incluso las actividades colectivas vienen marcadas por el uso de dispositivos móviles y ya no nos resulta extravagante encontrarnos con grupos de niños o adolescentes que parecen incapaces de jugar o hablar sin tener el Smartphone en la mano.

 

Juguetes para el juego: estas Navidades regala creatividad

Como hemos podemos ver  el  hipercosumismo, está tan arraigado que lo asumimos como algo intrínseco a nuestra sociedad y dejamos de ser conscientes de sus desventajas. Como los niños aprenden por imitación, debemos ser los adultos los primeros en ser conscientes de nuestros hábitos y  controlar estos excesos. Sólo así conseguiremos que nuestros niños dispongan de juegos y juguetes que les ayuden a desarrollar todas sus capacidades. Por muy tentador que nos pueda parecer disponer de más tiempo para nosotros,  y aparcar al niño con según que juegos hemos de ser conscientes de que estos, los juguetes dominantes hoy en día aportan poco o nada a nuestros niños. Puede que les estimulen algo intelectualmente pero casi nada físicamente y nada socialmente; contribuyen a aislarlos del entorno y de las personas que les rodean. Si realmente queremos que nuestros hijos se beneficien del juego y disfruten de la infancia tenemos que involucrarnos y potenciar que se rodeen de otros niños con los que jugar.

 

Si queremos fomentar que nuestros niños adquieran conocimiento, creatividad y diversión, podemos tener en cuenta las siguientes recomendaciones a la hora de escoger juguetes estas Navidades y siempre:

  • Priorizar los juegos a los juguetes: como hemos dicho, el juguete ha eclipsado al juego e incluso al niño, por lo que nuestra tarea será devolver el protagonismo al niño. Antes de comprar cualquier cosa, evaluemos sus posibilidades de juego y decantémonos por aquellos juguetes que permitan más interacción social.
  • Escoger juguetes sencillos: los juguetes actuales tienden a ser muy elaborados y a tener instrucciones muy precisas. Esta rigidez impide que el niño desarrolle su creatividad, por lo que lo mejor es propiciar que jueguen con juguetes más sencillos y versátiles.
  • Elegir juguetes educativos: los juguetes destinados a mejorar el aprendizaje en algún área concreta siempre son bien recibidos. Tenemos a nuestra disposición un gran surtido de juguetes que además de divertir, enseñan, por lo que merece la pena invertir en ellos.
  • Promover la creatividad: dibujo, pintura, música, escritura… hay miles de actividades que estimulan la creatividad de nuestros hijos; regalar los instrumentos necesarios para llevarlas a cabo siempre es una buena opción, lo que se aprende jugando no se olvida.
  • Fomentar las manualidades: cualquier tipo de manualidad es un juego en sí mismo, tan relajante y divertido para los niños como para los adultos. A través de la cerámica, la repostería, la fabricación de velas o la plastilina, nuestros hijos pueden pasar un buen rato, solos o en compañía, y desarrollar su creatividad y fantasía.
  • Fomentar el deporte y la socialización, los juegos al aire libre, regalar los instrumentos necesarios para practicarlos, muchas veces una pelota es suficiente para juntar a 4 o 5 niños en un Nuestros niños actualmente pasan muy pocas horas al aire libre y esto ya lo detectamos los pediatras con déficits de calcio y vitamina D que en un país de sol como el nuestro resulta una  paradoja.
  • Inculcar que los juguetes se tienen que cuidar para que no se deterioren rapidamente inculcarles el respeto por el medioambiente. Impulsar el reciclaje, y junto con esa concienciación ambiental iniciarlos en la concienciación social, que ningún niño se quede sin juguete.
  • Regalar experiencias en familia: dado el aislamiento infantil actual, por el aumento de familias con un solo hijo y de familias monoparentales lo que los niños realmente necesitan son vivencias en familia o grupos de familias. Regalarles momentos en familia, es decir “fabricar recuerdos” con horas de juego, excursiones, visitas al zoológico o al parque de atracciones, les aportará más beneficios que cualquier juguete.

 

En definitiva, aunque hoy en día tenemos infinidad de juguetes y formas de entretenimiento a nuestro alcance, no todas son educativas para nuestros hijos. Hay que estimularles correctamente con hábitos saludables y hacerles comprender que la felicidad no está en el “tener”, sino en “ser”, en el compartir, en el disfrutar, e inculcarles la importancia de aprender jugando y fomentar aquéllas actividades que les ayuden a utilizar su ingenio y su imaginación.

 

 

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