La socialización del bebé: ¿Es realmente necesario que vaya a la guardería para ser un niño más sociable?

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En nuestra sociedad, y muy especialmente en nuestro país, la idea de que las guarderías son necesarias para la socialización del bebé está muy extendida. Son muchos los que defienden que comenzar a relacionarse de forma precoz con otros niños aportará a tus hijos grandes beneficios: les enseñará a compartir, a ser más sociables, a aprender con más rapidez y a ser personitas independientes y seguras. Les “espabilará” y les “despegará de sus papás”, además de evitar que se conviertan en niños mimados y egocéntricos. Pero, ¿cuánto hay de cierto en todo esto? ¿Interactúa un bebé de 12 meses con otros niños? ¿Mejorará su aprendizaje el hecho de acudir a una guardería?

 

La socialización del bebé: ¿cuándo y cómo comienza?

El término socialización se refiere al proceso en el cuál los seres humanos aprendemos a relacionarnos con el medio sociocultural que nos rodea, adquiriendo actitudes, creencias y valores de la cultura o el grupo social al que pertenecemos. A partir de la interacción con otras personas, adoptamos las normas básicas de conducta y nos adaptamos al entorno en el que vivimos. Es un proceso de aprendizaje necesario para nuestra supervivencia que se mantendrá activo durante toda nuestra vida.

Sin embargo, aunque nuestra interacción con el entorno comienza desde el mismo momento de nuestro nacimiento, no será hasta los 3 años de edad cuando comencemos a relacionarnos de igual a igual con otras personas. Para entender un poco mejor este mecanismo, revisaremos brevemente el proceso de socialización de bebés y niños durante sus primeros años de vida:

  • De 0 a 3 meses: Los primeros meses de vida vienen marcados por una forma de comunicación primitiva e instintiva. El bebé expresa sus necesidades a través del llanto y comienza poco a poco a desarrollar otras formas de comunicación, como las primeras sonrisas. Se forja el vínculo emocional con sus padres, aunque aún no sea capaz de distinguirlos.
  • De 4 a 7 meses: Adquiere más movilidad y comienza a interesarse más por el mundo que le rodea. Reconoce a sus familiares más próximos y está más atento a los sonidos y movimientos que ocurren a su alrededor. Dado que ya es capaz de emitir grititos o balbuceos, o incluso de agarrar cosas con las manos, llamará la atención de diversas maneras y responderá con sonrisas o gorjeos a las muestras de cariño.
  • De 8 a 12 meses: A estas alturas el pequeño interactúa mucho con sus padres y familiares cercanos, y comienza a forjar su sentido de “identidad propia”. Es el momento en el que comprende que es alguien diferente a su mamá o papá y se reconoce, por ejemplo, en un espejo. En esta época el niño comienza a mostrarse ansioso cuando sus padres o figuras de apego no están cerca y a rechazar la compañía de extraños. El miedo o rechazo a los desconocidos (o personas que no sean sus padres) puede prolongarse hasta los dos años o más.
  • De 1 a 2 años: A partir del año el niño ya interactúa mucho con su entorno, aunque de forma muy individual. Se interesa por el juego y por lo que le rodea, buscando la atención y el contacto con sus padres y familiares más cercanos, pero no tiene interiorizado el concepto de “compartir” o de jugar con otras personas. Le interesan otros niños y es capaz de relacionarse con ellos, pero de una forma puntual y poco elaborada. Puede que observe a niños mayores que él y que trate de imitarlos, o que juegue brevemente con algún compañero, pero lo que predomina en esta etapa es el juego individual.
  • De 3 a 4 años: En torno a los 3 años el pequeño comienza a interactuar con otros niños y a desarrollar un tipo de juego cooperativo. En este momento ya no le interesa tanto jugar solo al lado de otro niño, sino que prefiere compartir los juguetes y juegos con sus amiguitos. Empiezan a forjarse las primeras amistades y a establecerse colaboraciones con otros niños de su edad.

 

Estimulación y aprendizaje: ¿aprende más el niño en la guardería?

Las guarderías son un recurso indispensable para muchos padres y, por supuesto, aportan cosas muy positivas para los niños. Cuando nuestras jornadas laborales nos impiden cuidar y estimular a nuestros pequeños nosotros mismos, necesitamos indudablemente, recurrir a personas capacitadas que hagan esta labor. Sin embargo, como hemos visto, el proceso de socialización de los niños más pequeños está más vinculado a su propio autodescubrimiento y a reforzar el vínculo emocional con sus padres que a la interacción con otros niños de su edad. Las guarderías, por inmejorable que sea su servicio, no pueden dar a los pequeños la atención individual y centralizada que obtendrían de sus papás y mamás. Por eso, lo ideal sería que los niños pudieran estar a cargo de sus progenitores los primeros dos o tres años de vida, tal y como ocurre en aquellos países que disponen de bajas de maternidad/paternidad más prolongadas. De hecho, debido a la inmadurez de su sistema inmunológico, la propia Asociación Española de Pediatría desaconseja que los menores de dos años acudan a la guardería, pues están expuestos a más procesos infecciosos.

En cuanto al aprendizaje, muchos padres aseguran que sus pequeños hacen grandes progresos en la guardería y, desde luego, no hay ninguna duda al respecto. Pero lo cierto es que estos pequeños logros también los aprenderían si estuvieran a su cuidado. Los primeros tres años de vida son uno de los momentos de mayor desarrollo y aprendizaje, y no pasa un día sin que el pequeño descubra una cosa nueva o adquiera una nueva habilidad. Por ello, lo realmente necesario durante esta primera etapa no son las relaciones sociales que haga con otros niños, sino la atención individualizada que se le dé. Un bebé al cuidado de sus padres no tiene por qué presentar ningún retraso en el desarrollo si se le estimula correctamente, hablándole, cantándole, interactuando con él y ayudándole a descubrir el mundo. Por el contrario, un niño con el que no se juega y que tiene la televisión como única forma de entretenimiento, muy probablemente tendrá dificultades para desarrollar determinadas capacidades a lo largo de su proceso de crecimiento.

 

Consejos básicos para la socialización infantil

Así pues, aunque a veces es inevitable y no tenemos más opción que llevar al niño a una guardería para continuar con nuestras responsabilidades laborales, lo más recomendable sería no hacerlo al menos hasta los dos años de edad. Esto no significa que el pequeño no se relacione con nadie más que con nosotros, siempre es beneficioso sacarle de paseo, llevarle al parque o incluso a centros lúdicos donde pueda ver a otros niños y jugar con juguetes que no tiene en casa, por ejemplo. Dejarlo de vez en cuando al cuidado de otras personas tampoco tiene por qué ser malo, siempre que tengamos en cuenta que está en una etapa en la que la presencia materna o paterna es muy importante.

A partir de los dos años la guardería no está desaconsejada desde el punto de vista médico, aunque todavía no podrá sacar partido a los beneficios sociales de estar con otros niños. No será hasta los 3 o 4 años cuando comenzará el proceso de interacción con sus compañeros y el desarrollo de formas de juego diferentes. En estos momentos sí puede ser recomendable empezar el proceso de socialización propiamente dicho, aunque deberá hacerse de forma paulatina.

 

 

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