Antibióticos y probióticos en niños, cuándo dárselos

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Los antibióticos son esenciales para ayudar a nuestro organismo a superar determinadas infecciones que, de otro modo, podrían ser fatales. Sin embargo, el uso de este medicamento debe hacerse de forma responsable, ya que no todas las enfermedades son tratables con antibióticos y su uso excesivo puede crear resistencias bacterianas. Además, a veces la ingesta de antibióticos puede generar algunos problemas digestivos e intestinales que, si bien no son graves, sí pueden ser molestos. Para minimizar este tipo de efectos secundarios, podemos aumentar la ingesta de alimentos ricos en probióticos. Estos están resultando ser los grandes aliados de la flora intestinal de niños y adultos.

 

¿Qué es la flora intestinal? ¿Por qué los antibióticos la dañan?

La flora intestinal se refiere a todos aquellos microorganismos y “bacterias buenas” que viven en nuestros intestinos, principalmente en el colón, y que nos protegen y contribuyen a que nuestro organismo funcione correctamente. Gracias a ella podemos sintetizar determinadas vitaminas, fermentar las fibras que ingerimos y mejorar nuestro sistema inmunitario. Son, por tanto, esenciales para nuestra salud y la de nuestros niños.

Por su parte, los antibióticos son sustancias que destruyen bacterias. Su descubrimiento y aplicación ha sido crucial para descender la mortalidad y mejorar nuestra calidad de vida. Son, por tanto, medicamentos importantísimos, que se tienen que usar con cautela y siempre bajo supervisión médica. Muy a menudo, la ingesta de antibióticos provoca ciertos problemas gastrointestinales como diarrea o dolor de barriga. Esto se debe a que, al ser tan efectivos aniquilando bacterias, destruyen también esos microorganismos beneficiosos que forman parte de nuestra flora intestinal. Para compensar estos desequilibrios, podemos echar mano de los probióticos.

 ¿Qué son los probióticos?

Tal y como los define la Organización Mundial de la Salud, los probióticos son “organismos vivos que, suministrados en las cantidades adecuadas, proporcionan beneficios sobre la salud del huésped”. Así, estos microorganismos vivos, normalmente bacterias, pueden ser ingeridos para reforzar o repoblar nuestra flora bacteriana. Alimentos comunes que contienen probióticos son, por ejemplo, el yogur, el miso, el kéfir, e incluso el chocolate negro. También podemos encontrar suplementos probióticos en cápsulas y otros formatos.

 

¿Cuándo le doy probióticos a mi hijo?

Para ayudar a nuestros niños a combatir la infección al tiempo que cuidamos de su flora bacteriana, podemos empezar a darle probióticos en el momento en el que se comienza con el tratamiento antibiótico. Una vez se finaliza el tratamiento es recomendable seguir aportando probióticos durante una o dos semanas más, para ayudar a equilibrar su flora intestinal.

Además, cada vez más estudios científicos prueban que el uso regular de probióticos contribuye a mejorar el estado de salud general. Si el niño sufre infecciones de forma recurrente o determinados problemas de salud, incorporar probióticos a su dieta puede mejorar su sistema inmunológico y su salud en general.

 

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