¿De qué depende que un niño llegue a ser más o menos alto?

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esalud, bebés, crecimiento¿De qué depende que un niño llegue a ser más o menos alto? Varios factores pueden influir en la talla final de los niños, vamos a analizar los principales: herencia, nutrición y maduración.

La herencia genética: suele decirse que se puede calcular la talla futura de un niño en función de la de los padres. Sin duda la información genética que determina la talla de los padres influye en la talla del hijo de forma similar. Así hay muchos niños bajos que no tienen otra causa para su escasa talla baja que el provenir de una familia de talla baja, es lo que se etiqueta como: talla baja familiar, que no representa ninguna patología. Lo mismo ocurre para las tallas altas, pero no suele ser motivo de consulta. Pero si que el pediatra debe vigilar una talla normal o baja en un entorno de talla alta y viceversa.

 

Podemos hacer por tanto una predicción de la talla esperada, pero también influyen otros factores. Si no fuese así la talla media de nuestros hijos sería la misma que la nuestra y es evidente cuando estudiamos las 3 ó 4 últimas generaciones de españoles que se ha producido un aumento significativo de la talla media.

La nutrición: el principal factor que ha propiciado ese crecimiento en las últimas generaciones ha sido el nutricional. La talla media de cualquier país aumenta con el progreso económico y las mejoras en la alimentación de la ciudadanía. Pero la alimentación debe ser la adecuada para no caer en el otro extremo de sobrepeso y todos sus efectos secundarios a corto y largo plazo que tanto vemos en países sobredesarrollados (EEUU). Hay que mantener el equilibrio en la ingesta de proteínas, grasas y azúcares para evitar las enfermedades como la diabetes, cardiopatías, etc. Nuestra dieta mediterránea es adecuada, en resumen producto fresco y de cercanía, evitar los precocinados y la bollería.

El tercer factor fundamental que determina la talla final de un niño es la edad a la que se presenta la pubertad. El crecimiento en talla se produce fundamentalmente por el crecimiento de los huesos largos del cuerpo. Estos huesos suelen tener en cada uno de sus extremos un cartílago con hueso a ambos lados. El hueso como tal crece poco o nada, es una estructura bastante rígida. Estos cartílagos son más flexibles y cuando sus células se multiplican, la matriz que los envuelve puede crecer. En su límite con el hueso esta matriz va poco a poco solidificándose transformándose en hueso, pero mientras este proceso sea más lento que la multiplicación de las células del centro del cartílago el hueso seguirá creciendo. Es lo que pasa durante toda la infancia.

Cuando llega la pubertad, hay un aumento en la secreción de hormonas sexuales. Estas hormonas tienen un efecto potente sobre la maduración del cartílago de crecimiento. De modo que producen una aceleración del crecimiento pero acaban por agotarlo. El resultado son los 2-3 años de crecimiento más rápido en talla de la vida tras los cuales se para casi en seco. Por ello la edad de comienzo de la pubertad resulta determinante.

Hay niños que la empiezan antes de modo que rápidamente superan al resto de sus compañeros de clase. Pero al haber iniciado ese último tramo de crecimiento rápido desde niveles más bajos, una vez finalicen el proceso quedarán por debajo del resto. Aquellos que iniciaron la pubertad en último lugar han seguido creciendo al ritmo lento del resto de la infancia durante más tiempo, y al iniciar la última fase de crecimiento rápido lo hacen desde una talla mayor superando en la mayoría de los casos a los que fueron más precoces. Esta es la razón por la que la mayoría de los hombres son más altos que la mayoría de las mujeres: Los varones maduran después. Disponen de más tiempo para ir creciendo.

Cuando tenemos un niño con talla baja, una de las primeras pruebas diagnósticas que pueden orientarnos hacia el pronóstico de talla es comprobar el estado de sus cartílagos de crecimiento respecto a su edad. Lo que los médicos llamamos su edad ósea, esto nos indica si el proceso de maduración final está ya iniciándose y en que grado se ha completado. Así, un niño con una edad de 10 años cuya talla corresponda a la de un niño de 9, que presenta en la radiografía una edad ósea de 8 años no tendrá problema en alcanzar la talla media, incluso puede superarla con facilidad. Si a este mismo niño en la radiografía los resultados indican que tiene una edad ósea de 11 años quiere decir que no solo tiene una talla inferior a la media de su edad sino que dado que ha agotado una porción de su potencial de crecimiento mayor al que correspondería para su edad, las posibilidades de recuperar ese atraso se reducen considerablemente.

Últimamente la edad de maduración se va adelantando y en sucesivas generaciones la aparición de la regla en las niñas se ha ido adelantando, quizá por eso su talla no ha aumentado tanto como se esperaba al mejorar la nutrición, vemos por tanto que hay factores que mejoran la talla: nutrición. Otros que la disminuyen: adelanto en la aparición de la pubertad.

 

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